AMABLEMENTE ESTE DIRECTOR NOS CUENTA COMO SE PUEDE TRABAJAR POR PROYECTOS EN UNA ESCUELA SECUNDARIA, COMPROMETIDOS A NIVEL INSTITUCIONAL EN EL ABORDAJE DE LA INCLUSIÓN. LA ESCUELA COMENZÓ ESTA EMPRESA EN LOS AÑOS 90, COMO "ESCUELA NO GRADUADA"...
...Al inicio del proyecto, en el año 1992, (...)un diagnóstico socio – económico de la comunidad educativa (...) mostró la existencia de inestabilidad habitacional en la gran mayoría de las familias de los alumnos de la escuela. (...) una población conformada esencialmente por sujetos provenientes de las provincias del NOA NEA (Tucumán, Corrientes, Formosa, Chaco, Santiago del Estero, etc.) y de países límitrofes, primordialmente de Paraguay y, en menor medida, de Bolivia, Uruguay, Brasil y Chile. (...) una población en gran número con inestabilidad laboral, ya que estaba conformada por changarines, obreros, de la construcción, o personas que se dedicaban al “cirujeo” o tenían un microemprendimiento de fabricación de escobas. Esta sittuación impactaba en la escuela, dado que la gran mayoría de los hogares de los alumnos contaba con sus necesidades básicas insatisfechas, por lo tanto, tenían prohibido el acceso en forma digna a la alimentación, la vivienda, la vestimenta y la salud. (...)Se centralizó la importancia en el Fracaso Escolar, surgió la pregunta(...): ¿quién facasa en verdad? Este gran interrogante se planteó desde el interior de la institución. Es el formato escolar el que legitima, por sus características rígidas, el fracaso escolar, ya que no permite ser flexible ante problemáticas socioeconómicas por las que atraviesan los pobres, como el
trabajo infantil, el cuidado de hermanos, las adicciones, la maternidad precoz (12, 13 y
14 años). Éstas no son determinantes del aprendizaje pero al no contemplarlas no
flexibilizar la propuesta de escolarización favorecen la exclusión y el fracaso escolar. (...)
Desde su origen, todo se consultaba, hablábamos de sistematizar la práctica y de
que sólo se podía sostener el proyecto desde una construcción colectiva. Esto es tan así
que definimos el proyecto en el año 1993 como una “construcción colectiva y
progresiva”. Vivíamos discutiendo y haciendo ajustes y cambios en todo: qué docentes
iban a estar a cargo de cada grupo, cómo conformarlos según la matrícula y bajo cuáles
aspectos y criterios. Nos uníamos para planificar juntos, discutíamos la selección de
contenidos y todos opinábamos sobre todo. Destinábamos mucho tiempo extra y
estábamos muy entusiasmados con lo que hacíamos. La intencionalidad del cambio traía
nuevos aires y nos sentíamos comprometidos en esta nueva tarea. Sabíamos que uno
solo no podía hacerlo, porque el proyecto se moría, entonces, nos apoyábamos entre
nosotros, en los chicos y en los padres. Construir vínculos era muy importante, aunque
en ese momento no lo teníamos muy claro. Tabulábamos todo lo que hacíamos... (Baquero, Diker, Frigerio)